El evangelio del viernes santo (Lucas 23:32-43) – ver también Mateo 27:33-44, Marcos 15:22-32.

El relato de Lucas de la crucifixión provee una reseña breve y aun así vívida del mensaje del evangelio. La esencia del mensaje cristiano es presentada clara y contundentemente en unos pocos versículos.

La comunidad

Lucas nos provee diversos grupos de personas que están presentes durante la crucifixión. “Soldados”, “gobernantes”, “el pueblo” y dos “criminales” conforman el variado entramado de personas que estaban presentes.

Cinco reacciones 

Las diferentes reacciones ante la crucifixión fueron un componente esencial para entender el mensaje del evangelio.

Primera, el ‘pueblo’ que estaba presente estaba ‘mirando’ e ‘injuriando’ al Mesías (35, Mt. 27:39).
Segunda, los ‘gobernantes’ (jefes de los sacerdotes, escribas, ancianos) ‘se burlaban de él’, “A otros salvó; sálvese a sí mismo, si este es el Cristo, el escogido de Dios” (35).
Tercera, los soldados también ‘le escarnecían’, burlándose del Señor con una frase similar a la de los líderes religiosos, “Si tú eres el Rey de los judíos, sálvate a ti mismo” (37).
Cuarta, uno de los criminales ‘despotricaba contra’ o ‘injuriaba’ al Mesías con un vituperio sorprendentemente similar a las palabras violentas que usaron quienes lo precedieron, “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros” (39). La unanimidad de la burla de los primeros cuatro actores hace que la quinta y final reacción sea todavía mucho más significativa.

La quinta y última reacción forma la estructura para el auténtico mensaje del evangelio. El segundo criminal que estaba crucificado al lado de Jesús reprende al primero, advirtiéndole del juicio y la condenación inminentes que ellos estaban enfrentando porque los merecían (41). El hecho que el segundo criminal vea su crucifixión como la justicia de su condenación, es en efecto un milagro. Es una revelación y un don sobrenatural de parte de Dios el poder ver la depravación, la culpa y la justicia en el castigo y la condenación correspondientes. Es precisamente esta ‘revelación’ de parte de Dios la que compone el trasfondo y el contexto fundamental del proceso de salvación. La ‘salvación’ siempre debe suceder en el contexto de la miseria absoluta y de la depravación sin esperanza de la humanidad ante un Dios santo, y de la ira de Dios que corresponde a cada infracción de la ley. Solo dentro de este contexto la persona puede rogar a Dios genuinamente por gracia y misericordia. Dios le ‘revela’ al otro criminal su gracia y misericordia. Él clama,  “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (42) porque Dios le reveló al criminal su amor y misericordia a pesar de su depravación y condición desesperada.

También vale la pena mencionar que el criminal reconoce que Jesús es un Rey. Esto también le fue revelado de manera sobrenatural, a la luz del hecho de que Jesús parecía ser cualquier cosa menos un rey, habiendo sido golpeado y azotado al punto que ‘fue desfigurado de los hombres su parecer’ (Isaías 52:14). Ante el arrepentimiento y ruego por misericordia de parte del criminal, Jesús revela el corazón de su Padre por la humanidad perdida y quebrada cuando le responde, “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (43).

El mensaje del evangelio 

El ‘evangelio’ es buenas nuevas. ¿Cuáles son las ‘noticias’ o la información? La noticia es que Dios no nos dejó en nuestra depravación sin remedio ni en la condenación que eso conllevaba, sino que de la profundidad de su amor por los seres humanos, proveyó el sacrificio perfecto para nuestra salvación; la muerte de su Hijo Jesús. Algo esencial y anterior a las ‘buenas’ nuevas de la salvación es entender, así como lo hizo el criminal, la justicia de la condenación personal. Solo cuando la persona ve la gravedad de su condición, está lista para rogarle a Dios por perdón. ‘Ver’ la condición trágica en la que uno se encuentra antes de la salvación es un don de Dios. Es imposible obtener este conocimiento sin la ayuda de Dios. Los seres humanos estamos ciegos a nuestra condición lamentable hasta que el Señor nos ‘revela’ este conocimiento espiritual.

Agnolo Gaddi (1350-1396)

Si les presentamos el amor, la gracia y la misericordia de Dios de manera prematura a las personas, es posible que sin darnos cuenta estemos evitando que el evangelio eche raíces. Sin un conocimiento previo de la miseria de la condición humana, es probable que las personas se pregunten por qué necesitan ser salvas. Esto sucede muy a menudo en la proclamación cristiana moderna del evangelio. Con frecuencia se esconden la gravedad y la mancha del pecado en un esfuerzo por evitar los mensajes que parecen poco ‘entretenidos’ e ‘inspiradores’. El evangelio nunca será ‘buenas’ noticias para los pecadores que primero no fueron convencidos de sus pecados y de la justicia de su condenación (Juan 16:8).  

“Sublime gracia del Señor que a un infeliz salvó. Fui ciego mas hoy veo yo. Estaba perdido y Él me halló. Su gracia me enseñó a temer mis dudas ahuyentó. Oh, cuán precioso fue a mi ser cuando él me transformó”.  John Newton, 1725.

Artículo de Sky Cline

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