Escapar de la ira de Dios

de Sky Cline

Si está leyendo esta monografía y no está seguro de que escapará de la ira venidera de Dios, entonces ha venido al lugar indicado. Primero, permítame asegurarle que hay esperanza para su alma. Por favor lea esta breve presentación hasta el final.

Por supuesto que me gustaría ser tan claro como me sea posible. Su alma está en peligro de muerte. Usted se encuentra bajo la condenación justa del Juez de todos los seres humanos. Su condición actual es “Culpable”. Todos los pensamientos pecaminosos que tuvo y las acciones pecaminosas que realizó desde que nació están registrados. Dios no se olvida. Ni siquiera un segundo de su vida está escondido de Dios. Él es el Dios que todo lo ve. Tenga esto por seguro: Tendrá que enfrentar la condenación eterna, cierta e irrevocable.

La justicia del Dios santo exige que todos los pecados sean castigados. Cuando esté frente a la corte de justicia final, un destino terrible inundará su alma con estas palabras finales e inmutables: “Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles” (Jesús es quien está hablando en este pasaje, Mateo 25:41). Su sentencia será irreversible. No habrá tribunal de apelación. No habrá corte suprema. No se cometerá ningún error. No habrá abogados allí. Cuando llegue a su nueva residencia la presencia de Dios no estará allí y usted será consumido en fuego y azufre. Habrá lamentos y alaridos de terror eterno mientras las almas se queman en un fuego eterno; los gusanos se atracarán con la carne de los malditos. Los sonidos que emanen de este abismo causarán que las ciudades de los humanos se conviertan en asilos instantáneos. No habrá protección contra el diablo y sus ángeles caídos. No habrá ningún poder que pueda limitar el horror. La culpa y el arrepentimiento serán los atormentadores principales. No hay momentos de respiro en un lago de fuego con multitudes que gritan en la agonía del dolor y la condenación desmesurados. La oscuridad cubrirá los chillidos y el horror de este fuego como una caja fuerte sin puerta. FINAL.

Muchos héroes y dignatarios modernos lo habrán precedido. Empresarios y empresarias, presidentes, primer ministros, alcaldes, senadores, generales, actores, religiosos, vecinos, miembros de familias, campesinos, bomberos, científicos, filósofos, abogados, doctores, maestros, enfermeras, líderes religiosos, agricultores, atletas, jueces, periodistas, corredores de la bolsa, personas que tal vez parecían ser exitosas mientras estaban en la tierra se unirán a usted en una eternidad de horror. La apariencia “exitosa” que tenían será reemplazada por lloro y crujir de dientes. Todo el “éxito” pasado será visto como vanidad amarga y sin sentido. Un pensamiento que cruzará por su mente será ‘Engañado’. El cambio de situación será catastrófico. Las almas rogarán la muerte y la aniquilación pero no la encontrarán.

¿Hay un camino para escapar de esta muerte segura? ¡SÍ! El único camino para escapar se encuentra en la Palabra de Dios, la Biblia. Dios en su amor por los seres humanos proveyó un camino para que nuestros pecados sean quitados de modo que podamos ser declarados INOCENTES en ese Día cuando toda carne deba presentarse ante Dios. Podemos escapar de la ira del único Dios verdadero y ser aceptados como uno de sus hijos. En un abrir y cerrar de ojos lo “maldito” puede ser cambiado a “bendito”. En lugar de enfrentar el inevitable juicio eterno podemos ser recibidos en la presencia de Dios. “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo”. (Jesús es quien está hablando en este pasaje, Mateo 25:34).

Dios puede declararnos inocentes gracias al plan que él diseñó para salvar a una humanidad caída y corrupta. Este plan para salvar a la humanidad proviene de la fuerza más poderosa del universo, el amor de Dios. El amor de Dios es más poderoso que todos los poderes del pecado, los demonios, el infierno y la condenación juntos. Los seres humanos fuimos la corona de la creación de Dios. La rebelión obstinada de los seres humanos en contra de Dios causó una ruptura sobre la cual por siglos no se pudo construir un puente. El hombre intentó a lo largo de la historia crear un puente para llegar a Dios mediante ‘buenas obras’, ‘vida correcta’ e incontables filosofías. Debido a su naturaleza caída y a la debilidad que nutre su propio egoísmo, el hombre nunca podrá construir un puente adecuado que lo conduzca al Dios santo.

El amor de Dios es más grande que la rebelión del hombre, porque el plan de Dios de salvación fue elaborado en medio de la rebelión obstinada del hombre y de su odio hacia Dios. La justicia santa de Dios debía ser satisfecha. El foco de atención del plan de Dios para salvar a los seres humanos fue enviar a su único Hijo para que muriera en lugar de las personas. Toda la maldad, el odio, la rebelión y la brutalidad de los seres humanos serían transferidos al Hijo unigénito amado de Dios, Jesús de Nazaret. Las violaciones y los asesinatos, las envidias y el odio, los engaños, perversiones y adicciones, hechicerías e injusticias, los abortos, prostituciones y amarguras serían colocados en un instante sobre el Hijo inocente de Dios. Jesús, como Hijo de Dios fue enviado a la tierra principalmente en una misión de rescate. Dios el Padre lo aplastaría por nuestra causa. Jesús voluntariamente pondría su vida en lugar de los hombres que lo despreciaron. Jesús no solo cargó con los pecados de la humanidad, sino también con el castigo por el pecado, la ira santa y justa de Dios cayó sobre su Hijo amado. Por primera vez en la eternidad el Hijo fue separado del Padre. Jesús se hizo ‘maldición’. El plan de Dios para salvarlo se cumplió en Jerusalén en el año 30 d.C. cuando Jesús fue crucificado.

La muerte de Jesús es el único remedio de Dios para su pecado y la condenación correspondiente. Dios no ha provisto ningún otro término para la paz. Todas las religiones, filosofías, sectas e ideas que no honran la crucifixión de Jesús como el medio para la salvación del hombre, son falsas. Personas de toda nación, tribu y pueblos deben ser reconciliadas con Dios a través de Jesús. Jesús es el regalo de Dios para la humanidad.

Si Dios le dio un temor santo por el pecado y el juicio que están guardados para usted. Si se da cuenta de que sus pecados son como un ancla que lo está tironeando hacia el abismo eterno. Si entiende que sus pensamientos y acciones ofendieron al único Dios del universo, está listo para recibir el perdón de Dios.

Dios no se deleita en la muerte de los malvados, sino en que los malvados se arrepientan (cambien su forma de pensar respecto a Dios y a sus pecados) y sean salvos. Dios no quiere que nadie perezca. Dios ofreció a su Hijo en la cruz para que pagara la deuda que usted nunca podría haber pagado. Por lo tanto, estimado amigo sepa que Dios desea rescatarlo del lugar “donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga” (Jesús es quien está hablando en este pasaje, Marcos 9:44).

Ahora hable con Dios y pídale que le perdone la deuda que tiene con él por causa del pecado, de esta manera:
“Amado Dios gracias por enviar a tu Hijo Jesús para rescatarme de mis pecados. Creo que soy un pecador y que necesito el perdón que tú has provisto por medio de la muerte de tu Hijo Jesús por mis pecados. Por favor perdona mis pecados conforme a lo que prometiste en tu santa Palabra. Deseo que me salves de mis pecados. Deseo que seas el Señor y Amo de mi vida. Por favor entra en mi vida y transfórmame de un pecador a un hijo de Dios. Con tu ayuda te serviré y te seguiré hasta el día en que te vea cara a cara. Gracias sean dadas a ti mi Dios porque ahora me reuniré contigo como un hijo se reúne con su padre y no como un criminal que se presenta delante de un juez”.

Es importante que encuentre una iglesia cristiana local basada en la Biblia donde Jesús sea el Señor, las personas amen a Jesús, se amen las unas a las otras y la Biblia sea creída y obedecida. También es esencial que comience a leer la Palabra de Dios, la Biblia, para entender el amor de Dios por usted y su plan para su vida.

No puedo evitar compartir con usted lo que sigue de esta historia de nuestra salvación: Jesús, el Hijo de Dios murió por nuestros pecados, ¡pero también resucitó Victorioso de entre los muertos al tercer día! ¡La muerte y el infierno fueron derrotados! ¡Levante sus manos al cielo y agradézcale a Dios por este nuevo día en su vida y en la eternidad!

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